Es una ruta corta, fácil, bonita y muy gratificante para la vista y el ánimo del caminante. ¿ Qué más se puede pedir? Recomendado llevar una cámara fotográfica y los sentidos abiertos y despejados.
La pita ( Agave americana) es una de las plantas que más nos llama la atención cuando la encontramos en nuestras excursiones por el campo. Es realmente espectacular y, a pesar de crecer libremente en la península ibérica y en otras zonas mediterráneas ( Italia ó Francia), su imagen nos hace pensar en una procedencia más exótica. Efectivamente, su origen es americano y parece ser que fue Cristobal Colón quien la trajo desde Nueva España. Poca gente sabe que la pita florece una sola vez en su vida ( al cabo de entre 10 y 25 años), y que después muere, por lo que cuando descubramos una planta con su elevado tallo sabremos que está terminando su ciclo vital, o tal vez renovando su existencia en nuevos y enérgicos brotes.
En el corazón del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, a orillas del río Vero, se encuentra Alquézar. En el casco histórico de esta villa medieval es fácil retroceder en el tiempo e imaginar la pugna por el poder y el territorio en el Aragón de la reconquista. Alquézar rezuma historia por todos los poros de sus piedras, sus callejuelas, plazuelas y callizos. Pasear por Alquézar es un placer que debemos regalarnos de vez en cuando.
En ocasiones necesitamos perdernos en un lugar escondido en el que reine el silencio. A veces pensamos que encontrar ese bosque tranquilo y solitario es una quimera, una ilusión imaginada e inalcanzable. Es cierto que la paz interior debe buscarse en uno mismo, pero no es menos cierto que un bosque tranquilo o cualquier otro lugar silencioso y agradable puede ayudarnos a experimentar esa sensación de paz y tranquilidad que de vez en cuando anhelamos.
Situada en la costa atlántica francesa, en el departamento de Charente Maritime, La Rochelle es una ciudad abierta y acogedora, donde es muy fácil sentirse "como en casa". Agradable para pasear, llena de historia, llena de vida y con gran animación callejera hasta bien entrada la noche, ofrece al visitante posibilidades de disfrutar de arte, naturaleza, cultura y aunque suene a tópico, de sentirse obsequiado por la simpatía y amabilidad de sus habitantes.
La Rochelle es un lugar de obligada visita, y al que siempre hay que volver.
Una de las excursiones más fáciles y agradecidas de nuestras montañas es la subida desde Pineta a los Llanos de Lalarri. Tanto si subimos por el bosque que se encuentra tras la ermita de la Virgen de Pineta, como si lo hacemos por la pista que sale desde el parking que se encuentra al otro lado del río, disfrutaremos de un tranquilo paseo que nos llevará a uno de los valles de origen glaciar más bonitos de los Pirineos. Una vez en él podremos disfrutar de unas vistas difíciles de olvidar: macizo de Monte Perdido, Peña Blanca,...
Una excursión que ningún amigo de la naturaleza, la historia y el arte debería perderse es la que nos lleva, preferiblemente a pie, desde Samitier hasta el conjunto religioso-militar que forman la torre defensiva y la iglesia de los santos Emeterio y Celedonio.
El paseo desde Samitier, siguiendo la pista, es un auténtico deleite para la vista. Conviene hacerlo reposadamente, sin prisas, investigando la gran variedad de árboles, de arbustos y de toda clase de plantas que se asoman al camino. En primavera es un lujazo, aunque es preferible madrugar un poquito ( tampoco demasiado) y evitar el sol del mediodía.
A mitad de camino nos toparemos con la ermita de sta. Waldesca, que sorprende por su sencillez y encanto, tan minúscula y recatada. De obligada parada.
Si subimos con amigos y vamos conversando, seguro que la conversación se interrumpirá de vez en cuando para contemplar en silencio las imponentes vistas que nos ofrece el camino del embalse de Mediano, la comarca de La Fueva y la cordillera pirenaica con el macizo de Monte Perdido entre otras altas cumbres.
Conforme nos vamos acercando al final del camino podremos apreciar el conjunto religioso y militar formado por la torre defensiva y la iglesia de los santos Emeterio y Celedonio, que formaron parte de la frontera defensiva establecida por los aragoneses en el s. XI. El arte románico, la historia de la reconquista, la naturaleza nos envuelven en esa magnífica atalaya. Sentarse en la roca y contemplar todo lo que nos rodea es un gozo al que nadie debería renunciar.
Sólo un par de recomendaciones. Si nos acompañan niños en la excursión, vigiladlos especialmente al llegar a la Torre. El precipicio que se abre sobre el Entremón es un riesgo evidente para los más pequeños.
Barro esculpido, arte caprichoso y anónimo, sorpresa inesperada. Los Aguarales de Valdemilaz son una invitación al paseo entre asombrosas formas, extrañas esculturas cinceladas por la lluvia. Son la excusa perfecta para apretar el disparador de nuestras cámaras una y otra vez buscando el perfil más singular, la figura más peculiar. Un lugar para visitar y disfrutar buscando la mejor luz para obtener las mejores instantaneas.
Desde el puente ves la exuberante ribera del último río salvaje del Pirineo, el último río sin regular, una joya ecológica, paisajística y de calidad de conservación y pureza de sus aguas. Decides bajar a dar un corto paseo por esa ribera para contemplar de cerca esa belleza y te encuentras con algo más. Un río Ara distinto a lo que esperabas, al menos en esos 300 metros de paseo entre el puente próximo al Hotel Monasterio de Boltaña y Margudgued.
Terminas el paseo con la sensación de que todavía quedan muchas cosas por cambiar, muchas gentes por concienciar, mucha naturaleza por proteger...